lunes, 23 de noviembre de 2009

Quemar Al Ave Fénix

El misterio imposible de casi todas las historias de amor es que aunque el amor es eterno resulta que a veces se acaba. La solución al enigma está en que el amor vuelve a inventarse.

Cuando el fénix arde de sus cenizas surge el fénix verdadero, renace, mas no es el mismo, y el anterior se convierte en un espejismo del presente. Cuantas veces tiene que arder el fénix para ser definitivo es imposible saberlo, pueden ser más o pueden ser menos, pero merece la pena quemar al fénix, convertirlo definitivamente en cenizas, para que el siguiente fénix, que puede ser el último y mejor, pueda nacer.
A veces es difícil quemar el cadáver del fénix, pero tenemos que hacerlo.

Cuando dos personas dejan de estar juntas lo verdaderamente triste no es perder al ser amado. Si alguien no quiere estar contigo, si alguien no te ama, ese alguien no te merece y mejor es perderle que sufrir por una causa inerte y baldía.
Cuando dos personas dejan de estar juntas lo verdaderamente triste es precisamente que lo eterno y perfecto deja de serlo. Las promesas que se hicieron desde el fondo del corazón, que una vez fueron ciertas y absolutas, se marchitan y quedan huecas, y no podemos quedarnos con ellas entre las manos como una madre mono con su bebé muerto. Lo único que podemos hacer es llorar por aquellas palabras, recordarlas una última vez y dejar que las lágrimas las conviertan definitivamente en un cuento del pasado, para no volver a llorarlas otra vez. Ejecutar el rito de aceptación de que definitivamente (porque "definitivamente" es la palabra clave) aquello está terminado y ya no nos permitiremos volver a sentirlo ni pensarlo como algo plausible. Es un rito que empieza de manera dolorosa, pero termina siendo brillante y liberador.

Encender la cerilla y quemar al fénix por completo para mirar sus cenizas y saber que está listo para resurgir más alto y más fuerte cuando le llegue el momento.

De Nueva carpeta

El Ave Fénix Crucificada. Cadáver mantenido en putrefacción incapaz de resurgir por ser idolatrado en su cruz

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